
Venecia, enero de 2009.
Si tenéis la suerte como yo de ir a Venecia, y tenéis un diílla más, os recomiendo que os vayáis en vaporetto a la Isla de Burano. No os confundáis con Murano. Aunque no soy la mejor para hablar (no he estado en Murano) me han dicho que ,salvo la fábrica de cristal, que por otra parte debe de ser bonito además de interesante ver cómo hacen esas maravillas con el cristal, que no tiene gran cosa. Burano, por el contrario, es un sitio encantador. Muy chiquitito, se puede ver en una mañana, y si queréis comer muy bien os diré próximamente un sitio donde comimos nosotros muy bien. Os recomiendo dos cosas: una que no depende de vosotros y otra que sí. Empecemos por la primera que es la peor y terminemos después con un buen bocado. La primera es que os haga un día soleado, para que veáis los colores vivos, pues en Burano todas y cada una de las casas que componen el pueblo está pintada de un color. Los pescadores utilizaban estos colores para distinguir sus góndolas y sus barcas entre la niebla. Hay una tienda muy chiquitita en la calle que baja a la estación del vaporetto, por si queréis hacer alguna comprita de última hora.Es de un padre y su hijo, negocio familiar de toda la vida. Hay cosas preciosas trabajadas con gusto en cristal de Murano. Antes de que os anochezca iros un momentito a dar una vuelta por la isla de Torchello que está a tan sólo 10 minutos en el vaporetto. Merece la pena por la Iglesia Bizantina del siglo IX en perfecto estado de conservación y otra muy chiquitita que está enfrente. El entorno es muy bonito. Cuando yo fui había nevado y recorrimos el embarcadero al atardecer a principios de enero. Tuvimos suerte.
Mi madre tiene la culpa de que yo conozca este lugar. Gracias, por su espíritu madrugador, insomne, incansable y animoso.
Os mando una fotografía del embarcadero. Para verla haced doble click en la interrogación. Según el navegador de internet que tengáis, puede que tarde un poco en cargarse. Paciencia, pero es porque la fotografía tiene buena calidad.