Hoja de reclamaciones

13 01 2009

Ahora no puedo ni poner una hoja de reclamaciones, y ¡díganme ustedes si tengo yo la culpa de lo que me ha pasado! Al volver de las vacaciones de navidad (una fecha por lo demás propicia a los desplazamientos, viajes y reuniones familiares, ¿quién no sale unos días de casa? pues a mí, cuando volví, me habían cortado el agua. Beber agua, ducharse, fregar, cocinar.. ¡no podía estar pasándome esto! por no hablar del váter, de nuestra querida cisterna. Lo primero que pensaron mis amigos cuando se lo conté es que no habría pagado el recibo. Vaya, ¡y encima la culpa creen que es siempre de uno! hecho, por otra parte, imposible pues tenía desde hace más de un año el recibo domiciliado, y ningún mes me quedaba sin fondo. Llamé a la compañía de Aguas de Cádiz y efectivamente allí me dijeron que estaban pagados todos los recibos. Se les dije (muy enfurecida yo) que si no me solucionaban en 24 horas el problema les iba a poner una hoja de reclamaciones, no esta sino otra que pensaba escribir. Me dijeron que me mandarían a uno de sus técnicos. A las 15:40 horas llamaron al teléfono fijo. “¿Dónde tienes el contador?”, “¿cómo?, no sé. “Pues si no sabe donde tiene el contador del agua no podemos hacer nada”. Les dije que la encontraría y quedé con él en veinte minutos. Apareció puntual. Era un hombre con cierto atractivo, más del que le supuse cuando hablamos por teléfono, pues me pareció una persona antipática, poco trabajadora además, de ademanes bruscos. Su aspecto era diferente. Venía acompañado por otro hombre (no me pregunten por qué hacen falta dos hombres para este trabajo, pero ahí estaba). Era más bajo y más grueso, fumaba un cigarrillo en la puerta del patio de mi casa. Los contadores estaban justo detrás de la puerta. Para cuando yo bajé ya había abierto la llave de paso, aunque os diré que momentos antes había localizado los contadores y había más de uno en diferentes posiciones. Mi vecino de al lado me dijo que a él también le había pasado, y a un hermano suyo, unos “graciosos” (porque aquí que yo sepa todavía no se ha reído nadie) que habían entrado aprovechando  la puerta que alguien deja abierta. Subí y giré un grifo del cuarto de baño: tenía agua. Acto seguido tiré de la cisterna.





“Biblioteca”

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“niña en la Caleta”

9 12 2008

"ni–ña en la Caleta"