CAPÍTULO DOS.
Ovulación.
La primera vez que hicimos el amor me enamoré. Ya lo veníamos incubando, por decirlo de algún modo, unos días atrás, como supongo que se prepara el útero de una mujer para la llegada de un nuevo ser: un cigoto, la primera célula diploide y, por tanto, con capacidad, al menos genética, de crear una nueva vida, de crecer por él mismo, dependiente durante un tiempo aproximado de 37 a 42 semanas, de otro organismo, en este caso, una hembra.
Por su parte ella había notado ciertos cambios en su cuerpo desde aquélla noche, ya no recuerdo la fecha exacta, pero debió ser hace apenas unos 3 días. Sí, ahora me acuerdo, era la noche de Reyes, el 5 de enero del año entrante 2009. Hubo, también por así decirlo, “intercambio de fluidos”, pero sin penetración. En la escala del sexo y en la mayoría de las culturas, después del beso el siguiente paso puede denominarse, castamente “tocamiento de los genitales” y un paso más en la escalada del sexo (afirmo, aquí, para que nos vos vayamos conociendo, que el tamaño es a mi parecer, una cuestión relativa, y me temo que también el tiempo. “-Aunque aquélla vez fue diferente; lo sabes tan bien como yo”, Pero eso es una conversación enlatada, un fragmento de voces sin caras perdido en un espacio de tiempo que no recuerdo ahora sino vagamente. Le habían cortado el agua. Imposible que fuera por impago, ¡malditas multinacionales! , pues tenía el recibo domiciliado. Siempre es el cliente el perjudicado, el hombre de a pie que dicen algunos. Los mismos los que pagamos el pato, y esta vez para un pato el agua era un bien inestimable. Me volvía a la capital, pero disponía aún de 3 horas antes de que saliera el próximo autobús para Sevilla, ¿qué hacer? hay diferencias notables entre pasar el tiempo habiéndolo previamente gestionado para que “dé tiempo” y vivirlo con el reloj de pulsera guardado en un cajón. Ahora es de esos momentos en los que uno tiene una necesidad y la sociedad le ofrece el servicio. Lógicamente si lo quieres tienes que adaptarte al horario y pagar el precio. Era justo, pura ley del comercio. Podía ver una película. Qué grandeza la del genio, pero, ¿ y sin son tres? “Una noche en la Ópera” de los hermanos Marx”, es sin duda, una de las mejores películas de estos tres superdotados. Pocos momentos tan hilarantes nos ha dado el cine como la escena del camarote. Formidable, ¡qué concepción del espacio! siempre me pregunto lo mismo cuando la veo: ¿cómo va a cerrar la puerta? pues no solo la cierra, sino que además logra meter a no sé cuántas personas en ese espacio. ¡Qué grandes son los hermanos Marx!
De momento y mientras me pensaba cuál de ellas sería la siguiente que quería ver, elegí un para escuchar (dicen que la música ayuda al cerebro, lo del corazón, sólo lo creen algunos incautos) un tema de Bill Evans: My foolish heart”, mi tonto corazón, me estaba enamorando. Me quedaban exactamente, déjame ver…2 horas y y 32 minutos. Podía ver la película. Por otra parte continuar pensando mucho tiempo lo que iba a hacer iba en menoscabo del desarrollo de esta última. Estaba en un aprieto. En un aprieto horario. ¿Cuál era el último autobús? Se sonó los mocos con un trazo generoso del rollo de papel higiénico que tenía al lado, sobre la mesa. Creo que me he resfriado. Demasiada gente. Y encima ahora, ¿seremos uno más? sin duda siento que es un gran óvulo el que se desperdicia este mes, medio ser haploide con veintitrés cromosomas estériles, inteligencia, bondad, creatividad y paciencia. Desperdicios que se van por el desagüe. ¡Malditas multinacionales, devolvedme el agua que pago! Tendré que ir a la compra a por agua!!










Mis disculpas a Aguas de Cádiz, por no haber tenido nada que ver en lo sucedido con el agua y a aquellos que por pudor o parentesco, haya podido ofenderles.
Todo el parecido con la realidad es pura imaginación.