Joder, me pica el culo. Tendré que pararme. Dos negros estaban parados en una esquina. Mientras uno de ellos extendía la tela sobre el suelo, el otro, algo más grueso y más oscuro, oteaba la calle desde su altura. Tomarme un café en el bar Piano, y aprovechar para ir al baño. Inoportuno. Vas andando tranquilamente (qué frío hace, tendré que pasarme por casa después de todo; recordar la bufanda y los guantes sin dedos que están en el primer cajón de la cómoda del vestíbulo) y de pronto, ah, te da ahí, como un chispazo, un gusanillo inquieto, directo al orto, pequeña esquirla de placer doloroso… si me metiera la mano por dentro.. No, se notaría demasiado, se intuye por el bulto que hace en el pantalón, o tener una manzana rojo lustrosa en el bolsillo, sospechoso de cualquier modo, sólo los incautos lo creerían, ¿dónde cómo cuándo una manzana?, no cabe, tal vez una mano muy pequeña o un pie de china. Seguir andando, a ver si el roce.. nada que hacer…. Los niños lo tienen más fácil y no por que sean más listos, sino porque todavía no han tenido tiempo, como la persona adulta en el devenir de sus años de aprender a hacer “las cosas del baño” en el baño. -”Niño, no cojas eso del suelo. Ca ca, repite conmigo, ca, ca. Enséñale a la abuela como hace mi niño el pato, a ver y ¿el mono? ¿cómo hace mi niño el mono? Es evidente que poco a poco tienen que ir perdiendo la vergüenza: sentimiento de pudor o arrepentimiento. ¿Cómo es que entonces el adulto no puede arrascarse el culo a gusto donde la plazca? Mystère! debe de ser una cuestión de contagio, como tantos otros males que se pillan por ahí, como el escrúfulo, la gripe o la varicela. Un día lo pilló alguno y los demás se fueron tapando poco a poco sus menudencias, sus pequeños y a veces primorosos, actos íntimos. Empezaron a sacar tímidamente sus pañuelos y se fueron limpiando los mocos resguardados de los ojos del otro en el cuenco de la mano. No hay ser vivo que se precie, animal para ser más preciso, mamífero encima, inteligente después de todo y algunos incluso honestos que no haya sucumbido a los encantos de la naturaleza y no haya depositado alguna vez un moco modelado en esa esquina que no llega, nunca nadie mira esa pared. Los más pudorosos buscaron refugio en discretos apartados amueblados con placas de w.c. para aliviar sus vejigas y demás vísceras huecas con receptores para la sensación de alivio, aah! se tira de la cadena y limpio. -Eso debe ser el inframundo -una pausa- ¿No crees?. súbita mirada hacia arriba desde los ojos velados. Había muy poca luz en el espacio que ocupaba el señor Del Castillo, y su voz se oía tenue, remota, difusa. Debía llevar un buen rato callado, tal vez pensando (dicen que no se puede evitar pensar, aunque sea en un algo deshilachado de colores rotos y remiendo de tiempos antiguos, un poco como eso que hacemos en sueños), pues su voz tenía ese tono grave, gangoso. Se puso aún si cabe más cómodo y se ajustó las mangas de la chaqueta de pana gruesa. -Está empezando a hacer frío en la casa. Tendré que hablar con Amparo, últimamente tiene la casa muy descuidada, aún hay charcos de la última lluvia en el suelo del patio, y todas esas hojas podridas! el súbito arrebato de la voz le había llevado a incorporarse involuntariamente de la posición de sentado a la de erecto en apenas unos cuantos movimientos. Después, tal y como había venido se fue y cayó, desplomado sobre la silla como hubiera podido hacerlo un saco de huesecillos de pollo. Perdió el brío de lo que estaba diciendo y su voz murió como una nota que se infla y se desinfla suavemente hasta morir sin roce apenas esparcida por el espacio, perfume de quintas. Buen nombre para un perfume. -”¿Tiene el periódico? -gesto afirmativo desde el otro lado la barra- El bar no estaba muy lleno, ambiente tranquilo, luz apacible, -¿dónde habré visto yo esa cara?. -” Pues me pones un café con leche, caliente, por favor; y un vasito de agua, ¿a santo de qué esa voz entrecortada? Tengo que ir a por los guantes, empiezan a chasquearme los dedos y ponerse lívidos, no, espera, no pálidos sino violetas oscuras, ocho moras maduras en un seto seco. Cada parte de mi cuerpo solía tener su propia historia, los besos la nariz fría, los pies los viejos zapatos (ahora ando con dos de distinto número, el 9 y el 8, les tengo puesto hasta los nombres, ah, no conoces a los nuevos hijos. Sigue pasando el tiempo, después de todo, ya ves, y parecía imposible. El izquierdo, que es el que me queda bien se llama Perfecto y el derecho Prieto. Andamos los tres, pero, no te preocupes, soy fuerte (¡dios mío!, ¿te acuerdas del zapato roto? con el agujero y todo como un sello de la autenticidad del tamaño de una moneda de cincuenta!) al principio era más molesto, cuando todavía el talón por su parte más fina tenía la piel brillante y pulida, blanca como el carillo de un niño de pecho envuelto en su primera toquilla, pero a fuerza de pasos se ha curtido con el roce, menos hermoso y más hombre, ya no se nota el dolor. Aquiles y sus dominios colindantes son una gran pasa seca, un callo del tamaño de un hueso de ciruela. Por fin aparecía el camarero con la taza, el platillo, la cuchara en el café y todo ello envuelto en un paquete de nube caliente. …Y un cigarro, vaya otros dos. En invierno se conciben muchos niños. termogénesis, se está más en casa, demasiada cama, diría yo. Esta vez han sido niñas, y son gem..mestiz, no espera, son siamesas: Cafeína, rubita, y Nicotina, más morena. Transmisores específicos más rápidos reconocidos ipso facto por la neurona de al lado, una ganga. Triste si fuera el cerebro una víscera hueca, ¿depende del peso? ¿y del tamaño? siempre genera polémica, pero no puede saberse, pesarles, medirles y tallarles a todos ustedes vuestro cerebro, sí, sí, por supuesto, ya muertos, por eso no se preocupen, -Tobías carraspea, se ahueca la collera, algo incómodo. Odiaba aquél trabajo, convencer a la gente para que póstumamente pueda. Bien grandes los debe tener ese fotógrafo para andar haciendo fotografías por ahí, ¡qué peligro! buen susto le habrá dado a su abuela, que en paz descanse -”¿es que no puedes buscarte un trabajo como todo el mundo, hijo?, me vas a matar de un disgusto!”, -No se angustie, doña Margarita, qué vamos a hacerle si es lo que le gusta al chico?- qué día es hoy? el periódico, martes, sí, martes. hemisferio norte. ¡Qué frio! -”Camarero, ¿cuánto se debe?”. Me voy a casa a por esos malditos guantes. De paso ir al baño, por dios recordar que me meo, no eso no, la cartulina, hay que comprarla antes de que cierren la tienda (¿tendrán en Whidges? pero antes los guantes, y antes de eso lavarme bien las manos, y las uñas, que luego con los guantes sin dedos y puede quedar algo de mierda después del rasquido, pero ay, ya estoy mucho mejor, ahora es esto otro, sí, definitivamente lo primero es ir al baño, encontrar el W.C. ¡camarero!, ¡camarero! -”¡Pequeña, víscera hueca, ya voy! sé que son cuatrocientosypicomililitrossonunodiezelcaféconleche, me voy abriendo la bragueta..espero no haya señora que me pille en medio oscuro pasillo baño. Ay, ¡muchísimo mejor!, ¿hacia dónde nos dirigíamos, Rogelio? ah, ya me acuerdo, la cartulina. Tengo que comprar, de varios colores, ya tengo la blanca y la negra, uuummmm, ese olor ocre a papelería vieja. Mejor comprarla, ¿qué hora es? ay, perdona. Dos ojos acuosos como peces me miran desde abajo. Tú no puedes saber la hora, al menos no con la precisión que lo sé yo -”¿sabías que tengo un tío en Logroño que fabrica relojes? buen regalo de Navidad. Está todo carísimo, ¿viste qué precios? y luego va y preguntan a uno que si se nota la crisis, que si se está haciendo lo correcto. Mañana sin falta le pago a la casera, que no le gusta ponerse nerviosa tratándose de dinero. Las churras y las merinas no se mezclan. -Y en esto, no me discutas, querido Rogelio, que tú y yo sabemos que, y esto si que no, no sabes lo que es el precio! por las nubes, así mejor, no saber lo que uno se pierde, ojos que no ven corazón que no siente, papa frita, más feliz sin precio todo gratis. El dinero no da la felicidad pero ayuda, -¡Ingratos! , ¡matarifes! ¡zoquetes! después de todos estos años y no os entra en la mollera, ¡marsupios de barro, más que de barro!, ¿eso es todo lo que habéis aprendido? -”Juno, traedme la vara, estoy inquieto. Tenemos un vástago zoquete, renegaré a ser llamado imagen de semejante…se clavó la uña del cuarto dedo en la palma de la mano, fue un corte limpio, no sangró, “y volverás a la tierra de tu tierra convertido en cenizas”. La sangre era un pequeño molusco color ambarino cuando le daba el sol pero apenas perceptible cuando no ocurría tal fenómeno, secreción azul esponjosa en ese momento. -”¡Miserables! ¡limpiaos el culo con vuestro sucio dinero! -”¿Qué tenemos para comer, Rogelio? patatas, ¿quizás un par de huevos? sí, no me mires así. Qué bueno estaba aquél jamón, si ahora en taquitos ya lo sé, estaría buenísimo, espero que haya leche, ¡qué frío!









